El defensor del lector del Times

 

Por Ismael Nafría | Abril de 2017

El 27 de octubre de 2003 el diario The New York Times anunció el nombramiento de su primer defensor del lector (“Public Editor”). El escogido para ese nuevo cargo fue Daniel Okrent, periodista y autor con una amplia experiencia como editor en las revistas Life y Time del grupo Time Warner.

La creación de esta nueva figura fue una de las principales recomendaciones formuladas por un comité de 25 periodistas creado meses antes por The New York Times para analizar –e intentar dejar atrás- uno de los mayores escándalos periodísticos de su historia: el caso del reportero Jayson Blair, que entre los meses de octubre de 2002 y abril de 2003 plagió, inventó y publicó decenas de artículos en las páginas del diario. El descubrimiento de los engaños acabó provocando la dimisión, a principios del mes de junio de 2003, tanto del entonces director del diario, Howell Raines, como de su número dos en la redacción, Gerald M. Boyd. Unas semanas después, el 30 de julio de 2003, Bill Keller fue nombrado nuevo director del diario.

The New York Times se había resistido hasta entonces a contar con un defensor del lector, una figura existente en otros diarios –aunque no de forma mayoritaria- cuya función es la de velar por los intereses de los lectores del periódico. La dirección del Times había defendido siempre que esa tarea, la de atender las preocupaciones de los lectores sobre la calidad del trabajo periodístico realizado por el diario, era algo que competía al propio equipo editorial.

Pero la magnitud del escándalo provocado por Jayson Blair acabó por derrumbar las reticencias sobre la conveniencia de esta figura. El editor y presidente del Times, Arthur Sulzberger Jr., defendió la crea­ción de este puesto y el nombramiento de Okrent como pasos necesarios para “hacer de The New York Times una institución menos opaca”. Sulzberger señaló que “nos ayudará a estar más en sintonía con lo que nuestros lectores y nuestros críticos –nuestros honorables críticos- están diciendo” y “nos ayudará a explicarnos ante ellos”.

El Times se debatió entre nombrar a un periodista que hubiera trabajado en el diario o a un profesional externo. Finalmente, optó por esta última fórmula por considerar que podría realizar su trabajo de manera más independiente.

El caso Jayson Blair

El 11 de mayo de 2003 el diario The New York Times publicó un largo artículo (“CORRECTING THE RECORD; Times Reporter Who Resigned Leaves Long Trail of Deception”) en el que detallaba e intentaba corregir todos los artículos fraudulentos escritos por su reportero Jayson Blair, de 27 años, durante los meses anteriores.

“La invención y el plagio generalizados representan una profunda traición a la confianza y el punto más bajo en los 152 años de historia del diario”, se afirmaba en el primer párrafo del artículo, que se iniciaba de esta contundente e inequívoca manera: “Un reportero de plantilla de The New York Times cometió frecuentes actos de fraude periodístico durante la cobertura de acontecimientos informativos significativos durante los meses recientes, según ha descubierto una investigación realizada por periodistas del Times”.

El artículo continuaba explicando que “el reportero, Jayson Blair, de 27 años, engañó a los lectores y a colegas del Times con crónicas que pretendían haber sido enviadas desde Maryland, Texas y otros estados, cuando con frecuencia él estaba muy lejos de esos lugares, en Nueva York. Fabricó comentarios. Inventó escenas. Utilizó material de otros periódicos y agencias de noticias. Seleccionó detalles a partir de fotografías para crear la impresión de haber estado en otro sitio o haber visto a alguien, lo que no había sucedido”.

Jayson Blair trabajó como periodista en el Times durante casi cuatro años. Abandonó el diario cuando se descubrieron sus engaños. Al año siguiente, en 2004, publicó el libro Burning Down My Masters’ House: My Life at The New York Times, en el que contaba su experiencia en el periódico neoyorquino.

A los diez años del estallido del escándalo, en 2013, se estrenó el documental “A Fragile Trust”, una película dirigida por Samantha Grant dedicada a analizar el caso. Su subtítulo era “Plagiarism, Power, and Jayson Blair at The New York Times”. El Times publicó en su web el trailer y una crítica sobre el documental.

También al cumplirse los diez años, la entonces defensora del lector, Margaret Sullivan, dedicó al caso una de sus columnas del mes de mayo de 2013: “Repairing the Credibility Cracks”. Recordó el profundo impacto que provocó este episodio en The New York Times y los decididos pasos que había dado posteriormente el diario para reparar el daño causado.

La figura del “Public Editor” del Times

El defensor del lector de The New York Times no está integrado en la estructura ni de la redacción ni del equipo de opinión. Atiende todos los comentarios que le quieran formular los lectores sobre el trabajo periodístico del diario, realiza las oportunas verificaciones sobre aquellos temas que considere relevantes y publica sus conclusiones con entera libertad –sin pasar por la revisión de la dirección tanto en las páginas del diario como en la web. Las opiniones que exprese públicamente y las conclusiones a las que llegue en sus investigaciones son siempre estrictamente personales.

The New York Times ha contado hasta el momento con seis defensores del lector:

  • Daniel Okrent: primer defensor del lector del Times, ocupó el cargo durante 18 meses, desde diciembre de 2003 hasta mayo de 2005.
  • Byron Calame: segundo defensor del lector, desde mayo de 2005 hasta mayo de 2007. Dedicó prácticamente toda su vida profesional al diario The Wall Street Journal, donde acabó siendo subdirector hasta su retirada a finales de 2004. Ganó el Gerald Loeb Lifetime Achievement Award por toda su carrera en el campo del periodismo económico, entre otros galardones.
  • Clark Hoyt: tercer defensor del lector del Times, ocupó el cargo desde mayo de 2007 hasta junio de 2010, un año más de lo previsto inicialmente. Periodista ganador de un Pulitzer con una larga experiencia en distintos diarios del grupo Knight Ridder. Fue durante años responsable de la redacción de este grupo en Washington antes de su venta a otro conglomerado de periódicos, McClatchy, donde trabajó como consultor de redacciones. Fue también presidente de la National Press Foundation.
  • Arthur S. Brisbane: cuarto defensor del lector de The New York Times, desde agosto de 2010 hasta agosto de 2012. Trabajó como periodista y editor en The Washington Post, como director y publisher de The Kansas City Star y como alto ejecutivo en el grupo Knight Ridder.
  • Margaret Sullivan: quinta defensora del lector. Ocupó el cargo desde septiembre de 2012 hasta abril de 2016. Antes de trabajar para el Times, Sullivan fue la directora y vicepresidenta de The Buffalo News, siendo la primera mujer en ocupar ese puesto. Formó parte del comité directivo de los premios Pulitzer y ha sido directora de la American Society of News Editors (ASNE).
    Margaret Sullivan publicó de manera muy frecuente en la web a tra­vés del espacio “Public Editor’s Journal” y mantuvo una columna quincenal en la edición impresa del diario, en la sección dominical Sunday Review.
  • Liz Spayd: sexta defensora del lector del diario. Fue nombrada en mayo de 2016. Trabajó durante años en The Washington Post, donde llegó a ser la jefa de redacción, y desde 2014 a 2016 fue la editora y directora de la revista Columbia Journalism Review.

Balance final de Byron Calame

Todos los defensores del lector han publicado sus impresiones finales al acabar su mandato como “Public Editor”. Sus reflexiones han resultado siempre de gran interés ya que ofrecen un retrato de la situación del diario desde un puesto de observación muy privilegiado.

Por ejemplo, el segundo defensor del lector del Times, Byron Calame, escribía en su despedida, en mayo de 2007, conclusiones como las siguientes:

  • “El Times es un periódico excepcional, a pesar de las cuestiones que he planteado como defensor del lector. Usted, como lector, recibe un diario que no tiene rival en su profundidad y consistencia. Pero sostener la tradición de gran periodismo del diario es costoso. El Times no discute la reciente confesión de Donald E. Graham, presidente de The Washington Post Company, de que el presupuesto anual de la redacción del Times es de más de 200 millones de dólares, a pesar de los recortes de los últimos años”.
  • “De cómo gestione el Times dos grandes retos estratégicos dependerá la calidad de las noticias que reciban los lectores durante los próximos años. Los retos, que también afrontan la mayor parte de diarios, son la caída de los ingresos publicitarios y la transición hacia la web”.
  • “Generar los ingresos necesarios para pagar la redacción que se necesita para mantener la alta calidad del Times es el reto más serio”.
  • “La transición del centro de gravedad de la redacción hacia la web, crucial para el futuro del Times, está haciendo notables progresos. Pero el continuo empuje para integrar completamente sus redacciones impresa y online para apoyar la rápida expansión de la web plantea dudas sobre lo que constituirá un periodismo de la máxima calidad en el mundo online de titulares cada minuto. Un proyecto piloto actualmente en marcha en la sección de Economía busca integrar realmente las operaciones impresas y online sobre una base 24/7. En lo que supone un paso adelante vital y un plus distintivo para los lectores web, el proyecto piloto testea la idea de hacer que el editor responsable de una sección clave de la edición impresa sea también el responsable de la cobertura online”.

En su resumen, Calame también hacía mención a los riesgos que podía suponer para la calidad del producto la creciente presión ejercida sobre los redactores para producir tanto para el papel como para la web.

El defensor del lector también mencionó que la “transparencia –explicar los procesos de la redacción y cómo se toman determinadas decisiones- puede enganchar a los lectores” y fortalecer la credibilidad del diario.

Mensaje de despedida de Clark Hoyt

El tercer defensor del lector, Clark Hoyt, se despedía en junio de 2010 con una columna titulada “Un último informe desde asuntos in­ternos”, en la que resumía su impresión sobre el diario tras recibir miles de comentarios –unos 300 mensajes al día de media- y analizar durante los dos años anteriores el trabajo realizado por la redac­ción:

“El Times es imperfecto. Como en cualquier institución humana, las 1.150 personas de la redacción cometen errores. Pero aciertan mucho, mucho más de lo que se equivocan. El milagro es que no cometan más errores teniendo en cuenta la complejidad de crear un producto periodístico diario y amplísimo en dos plataformas, la edi­ción impresa e Internet. Sin el Times, que sigue invirtiendo con fuerza en la cobertura informativa por todo el mundo cuando otros están haciendo recortes de manera drástica, todos seríamos más pobres”.

Balance de Arthur S. Brisbane

El cuarto defensor del lector, Arthur S. Brisbane, habló en su despedida del “éxito y riesgo” que conllevaba la transformación que estaba realizando el diario. Brisbane alabó que el diario mantuviera “su inversión en periodismo sin parangón” incluso cuando la rentabilidad del negocio estaba en duda, y también que la redacción estuviera aceptando la nueva estrategia de expansión basada en la internacionalización del diario, el vídeo, las redes sociales y el mundo móvil.

Arthur S. Brisbane reclamó mejoras en el ámbito de “la transparencia, el dar cuentas y la humildad”, aunque quiso alabar el trabajo realizado por el equipo de corrección de errores, que cada año analiza y aclara miles de erratas.

Margaret M. Sullivan, quinta defensora del lector

De septiembre de 2012 a abril de 2016 una mujer, Margaret M. Sullivan, ocupó por primera vez el puesto de defensora del lector. Ha sido, hasta el momento, la persona que ha desempeñado este cargo durante más tiempo (tres años y ocho meses).

En el comunicado en el que se anunciaba su nombramiento, se des­cribía el rol del defensor del lector con estas palabras: “Representar a los lectores y dar respuesta a sus preocupaciones, criticar el periodismo del Times e incrementar la transparencia y el grado de comprensión sobre el modo de operar de la institución”.

Una de las principales novedades respecto a sus antecesores en el cargo era el mayor énfasis que se iba a poner en el mundo digital para poder realizar mejor su trabajo: “Con los vastos cambios en el periodismo de estos últimos años, la nueva defensora del lector buscará nuevas avenidas para esa misión”, se decía. Así, “continuará escribiendo una columna impresa, pero se centrará en tener un papel online más activo: como iniciadora, orquestadora y moderadora de una conversación permanente sobre el periodismo del Times”. Dicha conversación se centró en el mantenimiento de un blog, además de una presencia activa en las redes sociales (en Twitter, @Sulliview).

Al igual que los anteriores defensores del lector, Sullivan realizó su trabajo fuera de la estructura de la redacción, dependiendo directamente del editor del diario, Arthur Sulzberger, Jr.

Balance del segundo año de Sullivan

En octubre de 2014, Margaret Sullivan quiso repasar la actividad de su segundo año en el cargo. Explicó que recibía más de 800 correos electrónicos cada semana -unos 45.000 durante ese año-, a partir de los cuales generó sus entradas en el blog y sus columnas en el papel, que se publicaban los domingos.

Entre los principales asuntos tratados durante ese año se encontraban el uso gratuito y excesivo de fuentes anónimas en artículos del diario (lo que va en contra de las normas del Times), la mejora de la cobertura informativa sobre los temas relacionados con el medio ambiente (que se había reducido anteriormente), o el necesario fomento de la diversidad (racial y de otros tipos) en la redacción de The New York Times.

Sullivan también se refirió a los retos en el modelo de negocio que afrontaba el diario -con la publicidad impresa a la baja pero el número de suscriptores digitales al alza-, nuevos fenómenos como el de la publicidad nativa, los anunciados recortes en la redacción o la supresión de algún producto como la app Opinion.

Balance final de Sullivan

La lectura atenta del trabajo desarrollado por Margaret Sullivan durante sus casi cuatro años como “Public Editor” del diario permite aprender mucho sobre el Times, en particular, y sobre el mundo del periodismo, en general.  Durante ese tiempo, la defensora del lector publicó nada más y nada menos que 691 artículos entre columnas y entradas en el blog. Los profesionales del mundo de la información, los estudiantes que aspiren a hacer algún día de periodistas y todos aquellos lectores aficionados a la buena prensa encontrarán en los artículos que publicó Margaret Sullivan como defensora del lector del Times un material muy valioso. En ellos, Sullivan habla con gran transparencia sobre el trabajo periodístico realizado por los profesionales del Times, a partir siempre de los mensajes, quejas, dudas o cuestiones que le hacían llegar los lectores.

En su mensaje final (“Public Editor No. 5 Is Yesterday’s News”), publicado el 16 de abril de 2016, Sullivan quiso recordar que, durante esos “complicados” años, el diario se había estado “reinventando”, como explicaba la dirección de la compañía, o había vivido una etapa “tumultuosa” en la que se estaba “luchando por la supervivencia” y por “mantener el alma del diario”, si se atendía a la visión desde “las trincheras”.

Sullivan explicó que, desde su llegada en el verano de 2012, habían cambiado muchas cosas. Entonces, según ella, el Times era todavía “un periódico tradicional en su funcionamiento”, con su reunión de portada y el énfasis puesto en los titulares de la edición impresa. En el momento de irse, en abril de 2016, “el Times parece una compañía de medios digitales que además publica un periódico impreso”, dijo, y en la que se lucha “por encontrar un modelo de negocio sostenible para mantener sus ambiciones periodísticas, incluyendo una redacción de más de 1.300” profesionales.

“El viejo modelo de negocio –escribió Sullivan-, basado en la publicidad impresa y las suscripciones impresas, está roto. Uno nuevo, basado en las suscripciones digitales, nuevos formatos publicitarios y asociaciones con otros negocios y plataformas mediáticas, se está formando. Hay signos de esperanza, elevada ambiciones y grandes planes, pero realmente no existe una garantía de éxito”.

Basándose en su experiencia y en lo que los lectores le habían estado demandando durante sus años como defensora, Margaret Sullivan quiso plantear una serie de recomendaciones al Times de cara al futuro:

  • “Mantener el control editorial”. Especialmente en los acuerdos con gigantes como Facebook, para que no sean los algoritmos los únicos que dicten qué ven los lectores.
  • “Recordar que la velocidad mata”. El Times, dijo, no debe olvi­dar nunca que “la exactitud y la imparcialidad son primordiales”.
  • Resistir el impulso del “clickbait” para no caer en una lucha desenfrenada por la audiencia que podría comprometer los valores del diario.
  • Mantener la apuesta por el periodismo de investigación, por un periodismo que controle a los poderosos.
  • No menospreciar la importancia de la edición.
  • “Recordar la misión de defender a los marginados de la socie­dad” en su cobertura informativa
  • “Proteger la credibilidad ante los lectores por encima de todo”. De manera más concreta, “profundizar en la relación con ellos y encontrar nuevos modos de escuchar y atender los temas que les preocupen”.

El día anterior, Margaret Sullivan publicó otro mensaje en un tono más personal, en el que comentó qué era lo que iba a echar de menos del Times, y qué no (“Five Things I Won’t Miss at The Times — and Seven I Will”). La idea del artículo había surgido durante un re­ciente almuerzo con el director de BuzzFeed, Ben Smith, a quien le gustaría saber qué era lo que Sullivan amaba y odiaba del Times después de su etapa en el diario. Sullivan explicó que el formato final del artículo tomaba prestado el enfoque del libro de Nora Ephron      I Remember Nothing: And Other Reflections.

Lo que Margaret Sullivan no iba a echar de menos del Times era lo siguiente:

  • “La tensión inherente” a su puesto, que implicaba “ir cada día a trabajar para gestionar quejas y, quizás, criticar el trabajo que se hace en el despacho de al lado”.
  • “El excepcionalismo del New York Times”. O, dicho de otro modo, “la idea de que, sea lo que sea lo que el Times haga, es por definición lo correcto”.
  • “El estar a la defensiva”. Según Sullivan, a pesar de que el Times publica muchas correcciones y cuenta con dos personas dedicadas a esa tarea, la actitud de “muchos periodistas” del diario es que les cuesta admitir que han hecho algo mal.
  • “Artículos que celebran los excesos del 1 por ciento”, de las clases más ricas de la sociedad.
  • “Artículos o proyectos que parecen llevar el sello “cebo para premio” estampado en ellos”. Aunque Sullivan reconocía que muchas de esas piezas “son buen o gran periodismo, y es fundamentalmente por ello por lo que ganan premios”.

Y en el capítulo de lo que sí iba a echar de menos de su etapa en el Times, Margaret Sullivan incluyó, entre otros, los siguientes elementos:

  • Los avisos recibidos por parte de integrantes del equipo del Times sobre posibles prácticas internas inadecuadas.
  • “Lo mejor del Times”. Según escribió Sullivan, “hay mucho de glorioso sobre esta institución: su profundidad y amplitud, su variado talento, su reconocida historia, su presencia mundial, la calidad global de su periodismo. El periódico impreso del domingo es (todavía) increíblemente impresionante”. Y añadió: “Ha sido fascinante ver cómo se reinventa a sí mismo una compañía tradicional de medios. El Times tiene mucho de lo que sentirse orgulloso, y ha sido un honor haber estado asociada a él”.
  • Sus ayudantes, a los que agradeció su trabajo. Cuatro de ellos habían ascendido como editores o reporteros del Times.
  • El buen ambiente general entre los colegas del diario. La actitud general de la gente del Times había sido “amable y de apoyo”, dijo Sullivan, “aunque el defensor del lector es indudablemente un agente extraño en la redacción”. Y a pesar de algunas discrepancias importantes con la dirección y otros profesionales del diario, “ha dominado un espíritu de cooperación y mutuo respeto”.
  • El “fuerte apoyo” recibido por parte del editor del Times, Arthur Sulzberger, que le dio en todo momento “completa independencia editorial”.
  • Los lectores. “El conjunto de lectores del Times –dijo Sullivan-, a juzgar por sus comentarios y correos electrónicos, es inteligente, escéptico y apasionado por la exactitud y la imparcialidad”. Margaret Sullivan señaló que, como defensora de los lectores, había intentado mejorar las cosas en temas como la aprobación de citas, el uso de fuentes anónimas, la cobertura informativa sobre el cambio climático o sobre Oriente Medio o la precisión periodística en la era digital, entre otros, “recordando la misión central del diario: descubrir y contar la verdadsin miedo ni favoritismo’”, como estableció en el año 1896 el editor del Times, Adolph S. Ochs, en una declaración de principios que publicó en el periódico que acababa de adquirir.

En su mensaje de despedida, y tras desearle suerte en su nueva etapa como columnista de medios de un diario rival, el Washington Post, el editor del Times, Arthur Sulzberger, Jr., alabó el trabajo realizado por Margaret Sullivan como “Public Editor” del periódico. “Cuando fue nombrada defensora del lector en 2012 –explicó Sulzberger- esperábamos que Margaret asumiera un papel más activo como iniciadora, orquestadora y moderadora de una conversación continua sobre el periodismo del Times para beneficio de nuestros lectores. Ella ha hecho eso y mucho más. Ha llevado este puesto hacia una nueva era”.

Sulzberger quiso añadir que “el papel de defensor del lector no es el más fácil de defender aquí, y sospecho que en ningún otro lugar. La naturaleza misma del trabajo pone a veces a la persona que lo realiza en conflicto con algunos de nosotros, tanto en la redacción como incluso entre el equipo directivo. Margaret ha podido ser dura, pero en mi opinión, siempre ha sido justa. Ha cumplido con la misión del puesto: representar a los lectores y responder a sus preocupaciones y mantener a esta institución dentro de nuestros valores. Tiene mi profundo aprecio y afecto”.

Liz Spayd, sexta defensora del lector del Times

Elizabeth Spayd (@spaydl) se convirtió el 18 de mayo de 2016 en la sexta defensora del lector de The New York Times. Spayd había desa­rrollado la mayor parte de su carrera profesional en el diario The Washington Post, donde llegó a ser la jefa de redacción (managing editor) del área digital, primero, y del conjunto del periódico después. Durante los dos años anteriores, Liz Spayd había sido la editora y directora de la revista Columbia Journalism Review (CJR) de la Escuela de Periodismo de la Columbia University de Nueva York. En esa etapa, la revista realizó la transición del mundo impreso al digital.

Al anunciar su nombramiento, el editor del Times, Arthur Sulzberger, Jr., afirmó que Spayd era una “pionera digital” y destacó su “larga y exitosa historia en el Washington Post”. La nueva defensora del lector empezaría a ejercer el cargo de manera efectiva en el mes de julio.

La primera columna de Liz Spayd, que se publicó el 9 de julio de 2016, estuvo dedicada al valor que podía tener para un medio como el Times escuchar con atención a sus lectores, no sólo analizar su comportamiento (“Want to Attract More Readers? Try Listening to Them”).

Durante sus primeros meses en el cargo, el tema que posiblemente despertó mayor interés entre todos los abordados por Spayd fue el de la falta de diversidad étnica y racial en la redacción del Times, planteado en un artículo (“Preaching the Gospel of Diversity, but Not Following It”) que publicó a mediados de diciembre de 2016. Dicha pieza generó un amplio debate en el sector periodístico y en las redes sociales. En respuesta a su texto, y en forma de propuesta de diez puntos para intentar mejorar la situación, la periodista de la CNN especializada en este tema, Tanzina Vega (@TanzinaVega), que había trabajado anteriormente en la redacción del Times, publicó una pieza titulada “How newsrooms can stop being so white” que tam­bién fue ampliamente comentada.

Otros temas tratados por Spayd que también despertaron un especial interés durante sus primeros meses fueron sus reflexiones sobre la cobertura periodística que había realizado el Times durante la campaña electoral. La sorprendente victoria electoral de Donald Trump, que prácticamente nadie había pronosticado, desencadenó el inicio de un profundo proceso de autorreflexión por parte del sector periodístico -también del Times– que no había sabido detectar, al menos en parte, los motivos que llevaron a los estadounidenses a escoger al candidato republicano en vez de a la favorita en casi todas las encuestas, la demócrata Hillary Clinton.

Este asunto protagonizó dos de las columnas de la defensora del lector del Times: “One Thing Voters Agree On: Better Campaign Coverage Was Needed” y “Want to Know What America’s Thinking? Try Asking”.

Liz Spayd dedicó otra de sus columnas (“When to Call a Lie a Lie”) a un tema relacionado con la campaña presidencial que generó también un amplio debate en el sector periodístico. El Times decidió de manera muy consciente utilizar en un titular la palabra “mentira” para referirse al posicionamiento adoptado durante años por Donald Trump sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama. La noticia en cuestión (“Donald Trump Clung to ‘Birther’ Lie for Years, and Still Isn’t Apologetic”) se publicó el 16 de septiembre de 2016. El director del diario, Dean Baquet, defendió unos días después, en un podcast publicado en Times Insider, dicha decisión y argumentó por qué el Times había decidido acusar a Trump de mentir sobre ese tema. Unas semanas después, hizo lo propio durante una entrevista en la NPR.

Uso de Twitter por parte de los periodistas del Times

A principios del mes de diciembre de 2016, la defensora del lector del Times participó como invitada en el programa de Tucker Carlson de Fox News. A preguntas de Carlson, que leyó en pantalla varios tuits críticos con el entonces presidente electo Donald Trump que habían sido publicados por periodistas del Times, Liz Spayd criticó el uso que algunos de estos profesionales hacían de las redes sociales y consideró que ese comportamiento debía tener algún tipo de consecuencia por no ajustarse a las normas internas del diario.

La intervención de Spayd en la cadena conservadora generó polémica y muchos mensajes –a favor y en contra- por parte de los lectores. La propia defensora del lector abordó el tema en su espacio en la web del Times. Dijo que, en su opinión, Twitter “no es un lugar para que los reporteros expresen sus opiniones políticas”, y recordó que “ese no es sólo mi punto de vista: es la política oficial de la redac­ción, que de manera regular se envía a todos los reporteros a modo de recordatorio”. Dicho eso, terminó su escrito con estas palabras: “Me pagan por ser la crítica de la casa, pero al lector que planteó el tema le diré que el trabajo que se produce aquí es definitivamente un servicio público”.

Unas semanas después, a principios de enero de 2017, Liz Spayd entrevistó al director del diario, Dean Baquet, para repasar temas de presente y futuro del periódico. Uno de los asuntos planteados fue justamente el del uso de Twitter por parte de los redactores. Baquet dijo que ese era uno de los temas que, según él, se debían mejorar en el Times, y admitió que “a veces los reporteros y editores cruzan la línea” o utilizan un lenguaje que no podría aparecer en las páginas del diario.

Datos de contacto del Public Editor de The New York Times:

  • Twitter de la actual defensora del lector, Liz Spayd: @spaydl

 

EN RESUMEN:

  • The New York Times cuenta con un defensor del lector (Public Editor) desde finales del año 2003. El cargo ha sido ocupado de momento por seis profesionales.
  • La posición fue creada tras el escándalo protagonizado por el joven reportero Jayson Blair, que entre finales de 2002 y principios de 2003 plagió o inventó decenas de historias que se publicaron en el Times.
  • El defensor del lector atiende todas las quejas o comentarios de los lectores sobre el trabajo periodístico que realiza el diario. Es una figura independiente, ubicada fuera de la redacción, que depende directamente del editor del diario y tiene plena libertad para publicar lo que considere oportuno.
  • Liz Spayd, que trabajó durante años en el Washington Post, es la actual defensora del lector. Fue nombrada en mayo de 2016 tras ser durante los dos años anteriores la editora y directora de la revista Columbia Journalism Review (CJR).
  • Spayd sustituyó a Margaret Sullivan, que fue la quinta persona que ocupó este cargo (de septiembre de 2012 a abril de 2016). Al dejar el Times, Sullivan se convirtió en columnista sobre medios del Washington Post. Durante su etapa en el NYT, Margaret Sullivan adaptó el puesto de “Public Editor” a la era digital.
  • Los cuatro primeros defensores del lector del Times fueron Daniel Okrent (de diciembre de 2003 a mayo de 2005), Byron Calame (de mayo de 2005 a mayo de 2007), Clark Hoyt (de mayo de 2007 a junio de 2010) y Arthur S. Brisbane (de agosto de 2010 a agosto de 2012).

La reinvención de The New York Times

ISMAEL NAFRÍA

Publicado: Abril 2017

 

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